Mariano Rajoy Brey , Presidente del Gobierno de España (archivo)

Mariano Rajoy Brey , Presidente del Gobierno de España (archivo)

Los malos resultados de las europeas pillaron de imprevisto a las grandes formaciones pero sobretodo truncaron los planes del actual presidente del gobierno, Mariano Rajoy.

El asesor "todopoderoso" de Génova, Pedro Arriola y el entorno de Rajoy llevaban desde hace 3 meses antes de las elecciones europeas preparando una actuación sin precedentes que cambiaría el rumbo del país: dimisión del presidente, disolución de las cortes,  convocatoria de  elecciones (para refrendarse) y reforma de la constitución.

Con esta acción, el ejecutivo que preside Rajoy (siempre según la versión del PP) reforzaría su imagen con un refrendo en las urnas después de los intensos vaivenes de su gobierno (con duros recortes incluidos) y por otro, el presidente del gobierno se convertiriía en el motor "actualizador" del país lo que daría una visión de renovación de cara al exterior y de galería para dentro sin precedentes.

La jugada parecía perfecta: las encuestas le daban mayoría suficiente para buscar el consenso en torno al PP, los grandes partidos defendían la reforma constitucional y lo más importante: la ciudadanía está concienciada de que los tiempos han cambiados y hay que reformarla.

Pero varios acontecimientos truncaron el rumbo del presidente:

  1. El desafío soberanista de Artur Mas y la perseverancia del mismo fue el primer causante de que el equipo de Rajoy viera con malos ojos la reforma constitucional debido al impacto negativo que tendría en Cataluña.
  2. La abdicación del Rey pilló no muy de sorpresa al ejecutivo pero sí precipitada por lo que la misión parecía aún más imposible ya que la estabilidad que se buscaba sería aún más difícil de conseguir.
  3. Y por último, el pésimo resultado que sufrieron los grandes partidos en las europeas terminó de aguar los planes al equipo de Rajoy.

Pero sin embargo, la reforma constitucional sigue estando en la cartera del gobierno ya que el jefe del Ejecutivo es consciente de que se acumulan razones, de orden institucional y territorial para actualizar la Carta Magna de 1978, pero necesita saber con quién puede contar y qué se desea, exactamente, reformar. 

Por ello, y a la espera también de contar con un interlocutor en el PSOE, que está en plena campaña de primarias para elegir a su nuevo secretario general, Rajoy sólo se plantearía ese cambio constitucional en la próxima legislatura. En todo caso, no antes del 9 de noviembre, que es la fecha que el Govern de la Generalitat acordó para celebrar la consulta soberanista.

Y si se llegara a algún tipo de acuerdo, también pasaría por ese plazo, para acomodar la Constitución a la nueva realidad política tras las elecciones generales de 2015.

Rajoy quiere impulsar la reforma constitucional bajo el convencimiento que la reforma fiscal y las reformas estructurales que el ejecutivo anunciará en los próximos días sirvan para volver a animar el voto perdido en las europeas y así conseguir de cara a las elecciones generales de 2015 la mayoría necesaría para reformar la constitución. En Génova se muestran esperanzados pero la realidad es que el desafío soberanista (que puede volver a truncar los planes del presidente) y el voto del ciudadano, será lo que decida si Arriola y el equipo de Rajoy acierta o no. 

 

Vídeo del discurso de Rajoy en referencia a Cataluña

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