Alma de catedral, cuerpo de mezquita

 

Tras muchos años de pulsos, tiras y aflojas entre Cabildo, Ayuntamiento y Consorcio de Turismo, la visita nocturna de la Catedral de Córdoba, antigua Mezquita, ha echado a andar con general complacencia, especialmente de hoteleros y hosteleros, que se frotan las manos por los beneficios que les reportará el aumento de pernoctaciones, asignatura pendiente del turismo local.

Es un privilegio recorrer el monumento con sosiego, sin que los grupos de turistas enredados en el laberinto de columnas perturben el disfrute de un espacio único; tan solo el cupo de ochenta visitantes guiados por la luz que marca sus pasos y resalta los elementos principales del templo en un itinerario esencial que permite abarcarlo y comprenderlo en cuarenta y tantos minutos de recorrido, tras la preparatoria explicación audiovisual que se ofrece en el pórtico. Entrar en el patio de los Naranjos, solitario, silencioso y suspendido entre dos luces, mientras suena una música de claro acento andalusí, ya subyuga los sentidos. Esta ´puesta en escena´ ha llegado además en un buen momento, cuando el celo restaurador de Estado y Cabildo y el mimo de los últimos obispos ha ido dejando el monumento limpio y reluciente, echo un primor.

La explicación del recorrido es somera y clara, acorde con el formato de la visita, aunque se percibe un constante interés por atribuir raigambre clásica y bizantina a muchos de los elementos que conforman el arte hispano-musulmán, como tratando de restar importancia a la aportación árabe. Al llegar al corazón del recorrido --capilla mayor, crucero y coro-- la explicación adquiere un comprensible tono catequizante subrayado por una música arrebatadora. Por cierto que cuando el narrador afirma que los restaurados órganos del coro "vuelven a ofrecer el timbre vibrante de sus notas" se ha perdido la oportunidad de que un organista de carne y hueso los haga sonar de verdad, en lugar de suplantarlos con sonido grabado.

En ese apoteósico colofón el narrador se refiere al templo como basílica, mezquita y catedral, aunque de la basílica visigoda de San Vicente apenas queden meros testimonios arqueológicos fuera de contexto. Sin embargo en el escueto espacio del ticket de entrada figura cinco veces la palabra ´catedral´, reiteración excesiva que contrasta con la omisión de las palabras ´antigua Mezquita´, lo que sin duda sorprenderá al turista, ajeno a la reciente ´batallita´ terminológica. La narración explicativa olvida nombres de artistas que tuvieron destacada intervención en la reforma cristiana de los siglos XVI al XVIII, como los arquitectos Hernán Ruiz, el escultor Duque Cornejo o el pintor Antonio Palomino, entre otros. También se echa de menos una representación del Tesoro a través de su joya, la custodia de Arfe.

Sin entrar a analizar con lupa el guión, que habrán redactado personas competentes aunque anónimas, el visitante bien informado percibe algunas imprecisiones. Por ejemplo, en el impecable prólogo audiovisual se habla de más de ochocientas columnas, cuando en realidad las exentas suman sólo 360 (s.e. u o.), que suben hasta 746 (repito, s.e. u o.) si se añaden las adosadas, empotradas en pilares o incorporadas a cerramientos de capillas. Tampoco es cierto que la mezquita fuese consagrada catedral el año de la conquista de Córdoba por Fer-nando III (1236), pues como asegura Manuel Nieto Cumplido en su magno libro dedicado al monumento, en aquella ocasión el obispo de Osma la consagró templo cristiano pero hasta 1239 no recibió el título de catedral, a raíz de la investidura como obispo de Córdoba de don Lope de Fitero, maestro del rey.

Ha sido un acierto separar la palabra explicativa --que en el idioma elegido llega clara a cada visitante a través de sus auriculares-- de las músicas ambientadoras, que se escuchan por la envolvente megafonía y flotan entre arcos y columnas como lenguaje universal que no requiere traducción. También es impecable la labor del anónimo equipo técnico, que ha tejido una imperceptible --por no decir invisible-- red interior de focos y altavoces sin violentar los entresijos de un monumento de fama universal. Pero hoy día que publicaciones, exposiciones y producciones audiovisuales cuidan su ´ficha técnica´ se echa de menos alguna información al respecto, de manera que tan excelente producción no parezca una obra anónima.

Hay que apresurarse a gozar de esta fascinante visita a la Catedral, antigua Mezquita, todo un regalo para los sentidos que resalta lo esencial e ilumina con vigorosos destellos de luz rincones y detalles que pasan desapercibidos en la visita diurna, oscurecidos por la penumbra. Claro que si los nativos disputan a los turistas las limitadas plazas disponibles, las expectativas de negocio hostelero menguarán. Así que para conciliar todos los intereses a lo mejor conviene establecer sesiones exclusivas para cordobeses de la capital y provincia, aplicándoles de paso una tarifa bonificada para que no paguen a precio de ´espectáculo´ lo que la Iglesia diocesana ha evitado que lo fuese.

*Periodista

 

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