California se ha ganado con sus progresistas legislaciones la fama de laboratorio y avanzadilla en Estados Unidos en muchas materias de salud, desde alimenticia hasta medioambiental. Y otra vez ha vuelto a conseguirlo, llevando en este caso a Coca-Cola y Pepsi a modificar en todo el país la fórmula de sus más icónicas bebidas. El año pasado California colocó en su lista de elementos cancerígenos el 4-metilimidazol (4-MI o 4-MEI), colorante que Coca-Cola y Pepsi usan paran dar el color caramelo a sus colas. Ante la posibilidad de tener que poner en todas sus latas y etiquetas de botellas una alerta sobre la presencia de ese cancerígeno para cumplir la ley, las dos empresas han optado por cambiar la fórmula. Y, por cuestiones empresariales, no la alterarán solo allí sino en todo EEUU. NO EN EL RESTO DEL MUNDO Según declaró a Europa Press Rafael Urrialde, responsable del Area de Nutrición y Salud de Coca-Cola España, "en principio este cambio no se llevará a cabo en el resto del mundo". Y Coca-Cola, en un comunicado, recordó que "ni una agencia regulatoria en todo el mundo considera la exposición del público al 4-MEI presente en caramelos como un tema". Coca-Cola obviamente minimiza los efectos nocivos del 4-MEI y Diana Garza Ciarlante, una portavoz de la compañía en EEUU, insistía ayer en que la empresa cree que "no hay un riesgo para la salud pública que justifique el cambio de fórmula". No obstante, su comunicado también confirmaba que la empresa ya ha pedido a sus proveedores que modifiquen sus procesos de producción para reducir los niveles del químico en sus productos. La guerra contra el 4-MEI no es exclusiva de la legislación californiana. Esta misma semana el Centro para la Ciencia en Interés Público renovaba ante la Administración del Alimento y el Medicamento de Estados Unidos una petición para prohibir el uso del colorante. Aunque el Gobierno está estudiando esa reclamación, ha minimizado el riesgo que este representa para la salud y uno de los portavoces de la agencia gubernamental, Douglas Karas, aseguró en un comunicado que "es importante entender que el consumidor tendría que consumir bastante más de 1.000 latas de soda al día para alcanzar las dosis administradas en los estudios que han mostrado relación con el cáncer en roedores". También la Asociación Americana de Bebidas insistía ayer en otro comunicado en que "la ciencia simplemente no demuestra que las comidas o bebidas con 4-MEI sean una amenaza para la salud humana". La nota, además, define las "escandalosas" alertas como "tácticas para asustar del Centro para la Ciencia en Interés Público". En la radio pública de EEUU, mientras, Ted Nixon, consejero delegado de D. D. Williamson, el mayor distribuidor mundial de colorante caramelo (que ya ha empezado a modificar el proceso de producción para bajar la concentración de 4-MEI), aseguraba que ese producto "es ahora y siempre ha sido seguro e inocuo". La alteración de la fórmula de las colas no sorprende a quienes siguen atentamente las decisiones empresariales de los dos gigantes que cubren cerca del 90% del mercado de bebidas gaseosas en EEUU, gente como Michael Blanding, que en el 2010 publicó The coke machine , un libro con el revelador subtítulo de La sucia verdad tras el refresco favorito del mundo . "Coca Cola y otros productores de refrescos tienen una larga historia de problemas por ingredientes nocivos, especialmente en sus bebidas light", contó ayer a este diario en email el autor y periodista de investigación. "Según mi experiencia cubriendo la información sobre Coca-Cola, suele ser necesario un escándalo público que amenaza a la imagen de marca o una demanda --o ambas cosas-- para que la compañía realice cambios en sus productos o prácticas de negocio. Deben haber pensado que el daño de la publicidad negativa por tener un reconocido cancerígeno en su bebida pesaba más que el coste de tener que reformular sus bebidas", concluyó Blanding.

Regresar al inicio