Seis de los 19 condenados por los atentados del 11M -incluido el que entonces era menor- han cumplido ya su condena. Uno de ellos, no obstante, permanece en la cárcel a la espera de su extradición. El próximo 16 de marzo serán siete, cuando salga en libertad Rafá Zouhier. Este marroquí, confidente de la Guardia Civil, fue condenado por la Audiencia Nacional a 10 años de prisión por tráfico de explosivos.

 

El próximo condenado en salir de prisión será Fouad El Morabit Amghar, tras cumplir 12 años de prisión por pertenencia a grupo terrorista. Tenía "fuertes vínculos" con los suicidas de Leganés, y Rabei Osman, El Egipcio, llegó a pensar que se había inmolado con ellos al no poder contactar con él: "Todo el grupo está con Dios", le dijo en conversación a otro dirigente terrorista. El Morabit cumplirá su pena el 25 de marzo de 2016.

En 2017 lo harán Youssef Belhadj y Sael El Harrak, condenados también a 12 años de prisión por pertenencia a banda armada. La Fiscalía pidió para Belhadj 38.952 años de prisión al considerarle inductor de los crímenes, pero la Audiencia concluyó que no era dirigente ni tenía una dependencia jerárquica con los autores de los atentados. Saldrá de prisión el 28 de enero de 2017.

El Harrak quedará en libertad el 25 de octubre de 2017.La sentencia considera probado que era miembro de la célula terrorista que se suicidó en Leganés.

Los siguientes serán Rachid Aglif, condenado a 18 años por pertenencia a banda armada y tenencia de explosivos y que quedará en libertad el 1 de abril de 2022; Mohamed Bouharrat, condenado a 12 años por terrorismo y que no saldrá hasta el 30 de octubre de 2022 porque tiene otra condena de ocho años, y Abdelmajid Bouchar, el terrorista que huyó del piso de Leganés y que cumplirá sus 18 años de cárcel el 12 de septiembre de 2023.

Están también en prisión el terrorista Hamid Ahmidan, primo de El Chino y condenado a 13 años de prisión y Antonio del Toro, condenado a cuatro años por tráfico de explosivos. Del Toro está cumpliendo ahora mismo condena pero por tráfico de drogas y es el único que ha disfrutado de permisos.

Los tres principales condenados

Los principales condenados por el 11M son Jamal Zougam y Othman el Gnaoui, considerados autores materiales de la masacre y con una pena de 42.922 años por 191 asesinatos terroristas consumados y otros 1.856 en grado de tentativa, entre otros delitos; y Suárez Trashorras, condenado a 34.715 años y medio como cooperador necesario.

La sentencia considera probado que Zougam "estaba integrado en una célula terrorista de tipo yihadista y que intervino, como autor, en los atentados del 11 de marzo de 2004. Las tarjetas de móviles usados como temporizadores en las bombas salieron de su locutorio. Actualmente un juzgado de Madrid investiga a las dos testigos protegidas que le identificaron en los trenes, según fuentes jurídicas.

El Ganaoui desempeñó, según la sentencia, "un rol o papel concreto (...) asignado conforme al plan criminal de la banda terrorista en la que se integra". Su ADN apareció en una sudadera que testigos vieron quitarse cerca de los trenes a uno de los terroristas.

Suárez Trashorras está condenado por suministrar la dinamita a la célula yihadista a pesar de ser "consciente del uso homicida" que se le iba a dar. La Audiencia le consideró responsable de las 191 muertes de los trenes pero también de la muerte del GEO que falleció en Leganés.

El juzgado de instrucción número 6 de la Audiencia Nacional, de Eloy Velasco, mantiene una pieza abierta sobre los atentados del 11M porque quedan huellas sin identificar del piso de los suicidas y de la finca de Morata de Tajuña que podrían ser de otros terroristas. La Policía y la Guardia Civil envían de vez en cuando huellas sin cotejar pero por el momento no ha habido ninguna coincidencia.

 

EL TRÁGICO DÍA 

En la mañana del jueves 11 de marzo de 2004 se produjeron 10 explosiones provocadas por diez mochilas cargadas con alto explosivo. Los análisis científicos de los restos tras las explosiones dieron como resultado que se trataba de un explosivo del tipo de la dinamita. Las investigaciones posteriores, basadas tanto en la mochila que no estalló como en los restos hallados en el vehículo utilizado por los autores, determinaron que el explosivo utilizado por los islamistas fue Goma-2 ECO, del que se usa habitualmente en las canteras.

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Como ya se ha indicado, las explosiones tuvieron lugar en hora punta, entre las 07:37 y las 07:39. En la Estación de Atocha (tren n° 21431) (3 bombas), según la cinta de vídeo del sistema de seguridad de dicha estación: a las 7:37:47 ya se había producido la primera explosión; a las 7:38:36 se produce la segunda, en el coche 5; y a las 7:38:40 se produce la tercera, en el coche 4; en total se produjeron tres explosiones de dichas características.

Los artefactos estaban situados en los coches 1, 4, 5 y 6 (sobre el artefacto localizado en el primer coche del convoy, cabecera de tren, y que no estalló inicialmente, se realizaron maniobras para su desactivación por los equipos TEDAX del Cuerpo Nacional de Policía (CNP), explosionando a las 9:59:18 (según la cinta de vídeo del sistema de seguridad); con posterioridad, a las 10:57:27 se procede, por los equipos TEDAX del CNP, a realizar maniobras de desactivación sobre lo que consideraron un artefacto explosivo (que no resultó tal), en el segundo coche de la composición.

 

En la estación de El Pozo del Tío Raimundo hicieron explosión 2 bombas; en la estación de Santa Eugenia, una; y en un cuarto tren, junto a la calle de Téllez, en las vías que se encaminan a la estación de Atocha desde el sur, otras cuatro bombas. Las fuerzas de seguridad encontraron, en el interior de los mismos trenes, otros dos artefactos que habían fallado. Ambos fueron detonados por motivos de seguridad.

 

También se encontró una tercera bomba en la estación de El Pozo del Tío Raimundo, que, tras realizar, inadvertida, un periplo entre el IFEMA y varias comisarías de policía, pudo ser examinada. Contenía 500 gramos de explosivo plástico Goma-2 ECO, metralla, un detonador y un teléfono móvil que hacía de temporizador, manipulado para que la alarma activase el detonador. Los indicios hallados en esa mochila permitieron establecer las primeras hipótesis firmes, y desencadenaron la persecución policial sobre los supuestos autores.



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