Es el hambre y la lucha por la vida la base de los movimientos migratorios procedentes de África. Seguirán llegando porque Europa es vida y España una ruta fundamental para acceder al continente.

 

 

Las diferencias económicas y sociales que están produciéndose en el mundo hacen que el continente africano haya comenzado el siglo XXI más pobre de lo que inició el siglo XX. Los escasos kilómetros que separan el Norte de África de la Península agrandan las diferencia de forma desmesurada; la imagen de una sociedad rica, opulenta y consumista que la televisión proyecta hasta las zonas más recónditas de ese continente, contrasta con la miseria y el hambre de cada día que viven millones de africanos al otro lado del estrecho.

Ser más pobre cada día, no poder cubrir las necesidades vitales y además hacer frente al endurecimiento de las mismas como consecuencia de las sequías o la plaga de langosta que arrasó las cosechas, no incentiva a quedarse en su territorio. Es el hambre y la lucha por la vida la base de estos movimientos migratorios, procedentes de África, por eso con pateras, cayucos, en ejes de camiones o con el procedimiento más increíble seguirán llegando, porque Europa es vida y una ruta fundamental para llegar es a través de España.

 

FRENAR ESTA situación es muy complicado. Cuando se controla el estrecho y las costas andaluzas en colaboración con las autoridades marroquíes, fuerzan el paso por Ceuta y Melilla, su férreo control les obliga a buscar como alternativa las islas Canarias, más difíciles de controlar y con una ruta mucho más peligrosa y larga, y así continuará se pongan los inconvenientes que se pongan, porque el ejército del hambre es imposible de derrotarlo; solo la solidaridad, la puesta en marcha de políticas de ayuda a estas zonas del planeta, que les permita su desarrollo, limitará la huida. Un territorio tan amplio, con apenas delimitaciones fronterizas donde los más preparados, los jóvenes, encabezan día a día la marcha hacia el dorado europeo, no puede seguir así, descapitalizando sus recursos humanos y permitiéndose la fuga y el robo de sus materias primas. Urge actuar sobre el origen del problema, buscando la colaboración de esos gobiernos para reprimir las mafias y evitar salidas sin control, pero con inversiones y políticas que les permitan su desarrollo. África no puede ser la despensa de mano de obra barata del mundo desarrollado.

 

EL GOBIERNO aprobó en la primera semana de mayo el Plan África para combatir la inmigración ilegal, el terrorismo y la criminalidad organizada, para lo cual cuadruplica casi la ayuda oficial al desarrollo, respecto del 2003, se duplica la ayuda humanitaria y alimentaria, se incrementa considerablemente el fondo global de lucha contra el sida, la malaria y la tuberculosis y se ponen en marcha ayudas para apoyar a los gobiernos en el control de sus fronteras, así como centros de acogida en su propio territorio a los repatriados. Involucrar a la UE en este proyecto es fundamental, pues el problema de ser un territorio de paso no debe conllevar absorber la responsabilidad en exclusiva.

Mientras esto ocurre, el sector más ultramontano del PP está sacando en las sesiones del pleno del Congreso de los Diputados, una batería de preguntas sobre la inmigración al más puro estilolepenniano. Cuando el Sr. Acebes, exministro de Interior, asocia inmigración con bandas de delincuentes, o cuando Zaplana vincula el proceso de normalización de este gobierno con el efecto llamada para los cayucos o las pateras, lo hacen de forma malintencionada y falsa, pero fundamentalmente xenófoba. Da la sensación que han cruzado la línea que separa la denuncia para pasarse a la demagogia racista como estrategia política del futuro; eso supone derechizar más la oposición y alimentar una línea argumental muy peligrosa. Seguramente la experiencia de algunos países europeos con la aparición de opciones políticas xenófobas en las elecciones, les impulsa a cubrir ese espacio para no perder votos por ese lado.Quieren convertir la inmigración en problema partidista al tiempo que evitan competencia electoral en ese campo.

Pero también porque así ocultan que son los únicos que no apoyaron la normalización de seiscientos mil inmigrantes con empleo frente a las cinco regularizaciones anteriores sin ninguna garantía de ocupación, o el aumento de fondos a los ayuntamientos y comunidades autónomas hasta 184 millones de euros en este presupuesto frente a los ocho del 2003 para integración de los inmigrantes.

Este tipo de argumentos solo sirven para alimentar recelos, desencuentros y confrontación ciudadana, buscar soluciones, dar alternativas y mejorar la convivencia es parte de la obligación de los políticos. Esperamos que este recurso argumental y político sea fruto de un calentón de temporada y no una estrategia para el futuro.

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